Otra vez la misma situación: no se puede volver atrás. Estoy a dos metros del Padre Ignacio.
Estoy decidido a hacerlo. Si el tipo tiene ayudantes o guardaespaldas estoy dispuestos a darles a ellos también.
Meto la mano en el bolsillo. Él se detiene frente a mi con esa sonrisa estúpida que tiene.
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Confirmado el Padre Ignacio tiene poderes. O por lo menos es muy bicho. Me mira fijo. A los ojos primero, y a mi mano en el bolsillo después. Ahora mira a sus ayudantes, y se les borran las sonrisas (también estúpidas).
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“Acá no, en el baño”, dice el cura. Los ayudantes se adelantan. Yo los sigo.
El cura más atrás. En el baño, sobre el espejo, hay un Jesucristo que pide silencio como la enfermera de los hospitales.
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Saco la mano del bolsillo. Uno de los ayudantes intenta cubrirlo, el otro se zambulle en el retrete. El Padre Ignacio ni se mosquea.
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Saco el porro encendido del bolsillo y se lo ofrezco. Su sonrisa ya no es estúpida. Antes de pitar lo alza como brindando conmigo. “Por el tiki-tiki”, me dice y da una seca larguísima. Me despierto cuando extiendo la mano para recibir el porro nuevamente y el cura me dice “gracias, Alfredo”.
martes, 20 de abril de 2010
viernes, 19 de marzo de 2010
(I) Ciudad Caldero
Estuve escondido todo aquel domingo. El martes, con la abogada, me entregué en los tribunales. La cagada ya estaba hecha. Igual me tomé el domingo. Por el clásico...No quería pasarlo en una comisaría. El tipo se había muerto de un infarto, por el susto. Tan guapo que parecía cuando estaba con los otros. A él le di con las manos... al auto sí le di con el matafuego.
La abogada vino tarde, tenía el cumpleaños de un nietito, y le conté la verdad. Desde la ventana de El Agrario que da por Mendoza vi como el tachero les abrió la puerta del auto y tumbó a dos pendejos que venían en una bici playera. En lugar de pedir disculpas, los quiso apurar y los pibes se le plantaron. Uno tenía sangre en la cara. Era el que más caliente estaba. La rueda delantera de la bici estaba hecha un ocho. Me acerqué a ayudar. Cuando llegué ya se estaban tirando golpes. Traté de separarlos. A los dos minutos llegaron ocho taxistas. El tipo por la radio había batido que le habían querido robar. Intenté explicar pero no hubo caso. Nos dieron una paliza a los tres. Corrimos juntos, en la avenida los pibes doblaron hacia el río.
No sé que me pasó. Empecé a buscarlo. A pie. Cuando se hizo de noche, en auto. Algo me decía que lo iba a encontrar si no abandonaba la búsqueda. Por otra parte, no había otra. No iba a parar hasta encontrarlo. Y así fue.
Cuando cruzé la calle hacia el quiosco, y, con el matafuego en la mano vi la cara del taxista, pensé dos cosas: no hay retorno, comienza un calvario.
Estoy mirando el partido con el chorito bueno y el sumariante. Aparece en la pantalla la hija más grande de mi ex mujer con su nuevo padrastro. En la cancha de Estudiantes. En la platea. ¡Qué hace con esa camiseta!...¡no te digo!
Imito la voz de un locutor FM, el chorito se caga de risa: “desde tu casa a través de un plasma JVC, tu madre te ve en la cancha.Con su celular Nokia te avisa a tu celular Sony que estás en la tele. y vos hacés que no sabés que te enfocan y bailás fuerte- fuerte dentro de tu camiseta Kappa, con tus anteojos Pinchila”.
El sumariante, fiel a su deformación profesional y a su estupidez, me corrige. La camiseta de Estudiantes no es Kappa. Kappa es la de Gimnasia. Le quiero decir,¿quién te preguntó, boludo? Pero sólo lo miro.
Como veo que al cana le molesta, sigo. ¡Dale! Aprovechá y sacate una foto vos misma mientras las cámaras que televisan el partido te hacen un primer plano. Tu familia, tus amigos te ven y le sacan una foto al tele con sus celulares. Papá le saca a mamá en el instante en que ella te saca sacándole al camarógrafo...¡Es como si los fotografiaras a ellos por tevé! ¡Qué bueno! Sony te junta con tu gente, Samsung te lleva lejos ¡Uy!, gol de Colón...
La abogada trae noticias. No para de hablar de su familia y sigue quejándose. Que el pelotero salió carísimo, que la hija es separada y el padre del pibe no aporta. Que no se cuántos peloteros recorrió buscando precio. ¡Cortala!...la cosa es que el tachero sigue vivo.
El Bebe -otro choro preso- me pide que le cuente. Accedo sin muchas ganas y así me veo otra vez amagándole con el matafuego y dándole un tortazo con la otra mano. Vuelvo a amagar y se cae al suelo. Entonces me voy para el auto y compruebo lo duro que es un parabrisa de Corsa, o la poca fuerza que tengo. Se rompe después de varios intentos. Jesucristo se agarra fuerte del crucifijo en el rosario blanco que cuelga del espejito.
Me di toda la vuelta al auto pegándole a los focos y vidrios. Pero cuando abro la puerta el tipo grita ¡el stéreo no! Y se me viene. Esta es la parte que le gusta al chorito bueno, aunque no es tan bueno porque sale a trabajar para la cana, y atento, como si lo que cuento fuera una película sigue sonriendo cuando digo que ahí le di al tablero ante la mirada del Cristo trapecista. Se ve que el Vaticano no monitorea por radar a sus fieles porque en ese instante, Radio 10 dejó de trasmitir.
Después salí del auto, le di tres piñas mal dadas y me fui corriendo.Ni sangre le salió. Ahí le habrá dado el infarto, no sé...
La abogada me presentó al hijo. Recién recibido pero soberbio como todos los abogados. Él se ocuparía de mi caso hasta que vuelva la hija , también abogada, de un congreso o algo así. Se despide. Me toca la mano...¡Noooo, doña! Aqui hay necesidad. Y no es el encierro, mi sequía viene de antes. La última vez fue con Maria Elena, un siglo hace. Cuando salga la llamo. Y dale con la manito!...debe haber estado buena la vieja, pienso. Leve erección.
Cuando te dicen que vas a salir en libertad las horas no pasan nunca. Hojeo un suplemento deportivo viejo. El del clásico. Veo la cara de Bernardi en un arremolinamiento de jugadores. Mamita, ¡qué caripela! Ese está peor que yo. Descerebrado. Bernardi es un descerebrado.
Todos los presos vamos a ver el partido con Arsenal. Separados, por las dudas. Los de NOB con el oficial de guardia. Somos cuatro. Los canayas y de otros clubes en el pabellón. Separados por el patio.
Sigo, aburridísimo, con el suplemento deportivo; me leí hasta las notas de rugby. Y, cagate de risa, ¿con quién me encuentro?, con mi abogado, todo embarrado, feliz, abrazado a otros gordos. Paso la hoja y Bernardi empuja a Mendez en la foto. Qué caripela la de Bernardi!. No usa el 5 porque le queda grande. Esa misma cara tenía el tachero que me fajó primero. Llegaron muy rápido los tipos. Me di cuenta que vinieron del “veinticuatro horas” de Mitre y Zeballos. Se juntan ahí. Ahí lo fui a buscar. ¡Para qué carajo fui!. Ahí empezó este quilombo.
Perdimos con Arsenal. No hubo lío entre los presos. Ni siquiera en el gol. Pero cuando mostraron al tipo ese llorando en la tribuna nuestra nos comimos una gastada de aquellas. El oficial de guardia lo provocó al Bebe porque sabe que ya sale. Por fin vino la abogada, la hija de la vieja. No lo aguantaba más al hermanito. Un minón, diría Checho. Me pregunta por los pibes de la bici. Yo qué sé. Corrimos juntos hasta Pellegrini. La bici quedo ahi. Linda la abogadita. Sí, sí.
Desde que me levantaron la incomunicación los que más vinieron a verme fueron Checho y Roger. ¡Dos eminencias!, diría irónicamente Palmira, la mujer que me crío. Mi madre podría decirse...pero no. Doña Palmira no tuvo hijos. Y yo no tuve madre.
Me largaron anoche. El auto estaba donde quedó aquel día. Checho me dejó las llaves en el baúl. Se abre metiendo el dedo. Habían quedado puestas más de una semana. El Rusito me informa que el laburo de los libros se corta hasta marzo. La abogadita está como loca porque apoyó el portafolios en un sorete de perro. Me invita a un café para hacer tiempo.
Usa ropa cara…me cuenta sus cosas. Cuando se acuerda del portafolios empieza de nuevo y termina en un alegato contra la impunidad de los que no recogen la mierda de sus perros…
El día que me largaron, parado en la puerta de la comisaría me alegré: voy a poder ir a la cancha la última fecha y vamos a salir campeones. Tenía que averiguar si Doña Palmira estaba enojada por mi desaparición. ¿Y si sabía algo?. Si está todo bien la llevo a cenar el 24. Nunca pasamos una Nochebuena separados. Al rato, al ver la gente corriendo, comprando como loca y hablando de turrones, de pandulces, del regalito para la cuñada, pensé en irme a la isla.
No puedo dejar de pensar en el partido con San Lorenzo...No soy un tipo violento. No lo era
antes del quilombo. Todavía no me explico por qué actué así aquel domingo...La última noche en la comisaría soñé con una sevillana. La elegía en una vidriera y la robaba. Tiraba el estuche en un contenedor. Me desperté cuando revolvía la basura tratando de recuperarlo.
La abogada vino tarde, tenía el cumpleaños de un nietito, y le conté la verdad. Desde la ventana de El Agrario que da por Mendoza vi como el tachero les abrió la puerta del auto y tumbó a dos pendejos que venían en una bici playera. En lugar de pedir disculpas, los quiso apurar y los pibes se le plantaron. Uno tenía sangre en la cara. Era el que más caliente estaba. La rueda delantera de la bici estaba hecha un ocho. Me acerqué a ayudar. Cuando llegué ya se estaban tirando golpes. Traté de separarlos. A los dos minutos llegaron ocho taxistas. El tipo por la radio había batido que le habían querido robar. Intenté explicar pero no hubo caso. Nos dieron una paliza a los tres. Corrimos juntos, en la avenida los pibes doblaron hacia el río.
No sé que me pasó. Empecé a buscarlo. A pie. Cuando se hizo de noche, en auto. Algo me decía que lo iba a encontrar si no abandonaba la búsqueda. Por otra parte, no había otra. No iba a parar hasta encontrarlo. Y así fue.
Cuando cruzé la calle hacia el quiosco, y, con el matafuego en la mano vi la cara del taxista, pensé dos cosas: no hay retorno, comienza un calvario.
Estoy mirando el partido con el chorito bueno y el sumariante. Aparece en la pantalla la hija más grande de mi ex mujer con su nuevo padrastro. En la cancha de Estudiantes. En la platea. ¡Qué hace con esa camiseta!...¡no te digo!
Imito la voz de un locutor FM, el chorito se caga de risa: “desde tu casa a través de un plasma JVC, tu madre te ve en la cancha.Con su celular Nokia te avisa a tu celular Sony que estás en la tele. y vos hacés que no sabés que te enfocan y bailás fuerte- fuerte dentro de tu camiseta Kappa, con tus anteojos Pinchila”.
El sumariante, fiel a su deformación profesional y a su estupidez, me corrige. La camiseta de Estudiantes no es Kappa. Kappa es la de Gimnasia. Le quiero decir,¿quién te preguntó, boludo? Pero sólo lo miro.
Como veo que al cana le molesta, sigo. ¡Dale! Aprovechá y sacate una foto vos misma mientras las cámaras que televisan el partido te hacen un primer plano. Tu familia, tus amigos te ven y le sacan una foto al tele con sus celulares. Papá le saca a mamá en el instante en que ella te saca sacándole al camarógrafo...¡Es como si los fotografiaras a ellos por tevé! ¡Qué bueno! Sony te junta con tu gente, Samsung te lleva lejos ¡Uy!, gol de Colón...
La abogada trae noticias. No para de hablar de su familia y sigue quejándose. Que el pelotero salió carísimo, que la hija es separada y el padre del pibe no aporta. Que no se cuántos peloteros recorrió buscando precio. ¡Cortala!...la cosa es que el tachero sigue vivo.
El Bebe -otro choro preso- me pide que le cuente. Accedo sin muchas ganas y así me veo otra vez amagándole con el matafuego y dándole un tortazo con la otra mano. Vuelvo a amagar y se cae al suelo. Entonces me voy para el auto y compruebo lo duro que es un parabrisa de Corsa, o la poca fuerza que tengo. Se rompe después de varios intentos. Jesucristo se agarra fuerte del crucifijo en el rosario blanco que cuelga del espejito.
Me di toda la vuelta al auto pegándole a los focos y vidrios. Pero cuando abro la puerta el tipo grita ¡el stéreo no! Y se me viene. Esta es la parte que le gusta al chorito bueno, aunque no es tan bueno porque sale a trabajar para la cana, y atento, como si lo que cuento fuera una película sigue sonriendo cuando digo que ahí le di al tablero ante la mirada del Cristo trapecista. Se ve que el Vaticano no monitorea por radar a sus fieles porque en ese instante, Radio 10 dejó de trasmitir.
Después salí del auto, le di tres piñas mal dadas y me fui corriendo.Ni sangre le salió. Ahí le habrá dado el infarto, no sé...
La abogada me presentó al hijo. Recién recibido pero soberbio como todos los abogados. Él se ocuparía de mi caso hasta que vuelva la hija , también abogada, de un congreso o algo así. Se despide. Me toca la mano...¡Noooo, doña! Aqui hay necesidad. Y no es el encierro, mi sequía viene de antes. La última vez fue con Maria Elena, un siglo hace. Cuando salga la llamo. Y dale con la manito!...debe haber estado buena la vieja, pienso. Leve erección.
Cuando te dicen que vas a salir en libertad las horas no pasan nunca. Hojeo un suplemento deportivo viejo. El del clásico. Veo la cara de Bernardi en un arremolinamiento de jugadores. Mamita, ¡qué caripela! Ese está peor que yo. Descerebrado. Bernardi es un descerebrado.
Todos los presos vamos a ver el partido con Arsenal. Separados, por las dudas. Los de NOB con el oficial de guardia. Somos cuatro. Los canayas y de otros clubes en el pabellón. Separados por el patio.
Sigo, aburridísimo, con el suplemento deportivo; me leí hasta las notas de rugby. Y, cagate de risa, ¿con quién me encuentro?, con mi abogado, todo embarrado, feliz, abrazado a otros gordos. Paso la hoja y Bernardi empuja a Mendez en la foto. Qué caripela la de Bernardi!. No usa el 5 porque le queda grande. Esa misma cara tenía el tachero que me fajó primero. Llegaron muy rápido los tipos. Me di cuenta que vinieron del “veinticuatro horas” de Mitre y Zeballos. Se juntan ahí. Ahí lo fui a buscar. ¡Para qué carajo fui!. Ahí empezó este quilombo.
Perdimos con Arsenal. No hubo lío entre los presos. Ni siquiera en el gol. Pero cuando mostraron al tipo ese llorando en la tribuna nuestra nos comimos una gastada de aquellas. El oficial de guardia lo provocó al Bebe porque sabe que ya sale. Por fin vino la abogada, la hija de la vieja. No lo aguantaba más al hermanito. Un minón, diría Checho. Me pregunta por los pibes de la bici. Yo qué sé. Corrimos juntos hasta Pellegrini. La bici quedo ahi. Linda la abogadita. Sí, sí.
Desde que me levantaron la incomunicación los que más vinieron a verme fueron Checho y Roger. ¡Dos eminencias!, diría irónicamente Palmira, la mujer que me crío. Mi madre podría decirse...pero no. Doña Palmira no tuvo hijos. Y yo no tuve madre.
Me largaron anoche. El auto estaba donde quedó aquel día. Checho me dejó las llaves en el baúl. Se abre metiendo el dedo. Habían quedado puestas más de una semana. El Rusito me informa que el laburo de los libros se corta hasta marzo. La abogadita está como loca porque apoyó el portafolios en un sorete de perro. Me invita a un café para hacer tiempo.
Usa ropa cara…me cuenta sus cosas. Cuando se acuerda del portafolios empieza de nuevo y termina en un alegato contra la impunidad de los que no recogen la mierda de sus perros…
El día que me largaron, parado en la puerta de la comisaría me alegré: voy a poder ir a la cancha la última fecha y vamos a salir campeones. Tenía que averiguar si Doña Palmira estaba enojada por mi desaparición. ¿Y si sabía algo?. Si está todo bien la llevo a cenar el 24. Nunca pasamos una Nochebuena separados. Al rato, al ver la gente corriendo, comprando como loca y hablando de turrones, de pandulces, del regalito para la cuñada, pensé en irme a la isla.
No puedo dejar de pensar en el partido con San Lorenzo...No soy un tipo violento. No lo era
antes del quilombo. Todavía no me explico por qué actué así aquel domingo...La última noche en la comisaría soñé con una sevillana. La elegía en una vidriera y la robaba. Tiraba el estuche en un contenedor. Me desperté cuando revolvía la basura tratando de recuperarlo.
Origen de la idea
«Rostros urbanos» surge como una teleFnovela celular en microepisodios. El autor envía SMS a decenas de lectores, que los reciben en sus celulares. “A cualquier hora, en cualquier lugar”.
Hasta aquí una versión revisada y aumentada de los microepisodios emitidos a fines de 2009 y comienzos de 2010.
Aquellos nuevos lectores que lo deseen pueden solicitar el envío de los nuevos episodios a sus celulares a rostrosurbanos@gmail.com
En el futuro este blog agrupará periódicamente microepisodios de la versión celular de este folletín.
Hasta aquí una versión revisada y aumentada de los microepisodios emitidos a fines de 2009 y comienzos de 2010.
Aquellos nuevos lectores que lo deseen pueden solicitar el envío de los nuevos episodios a sus celulares a rostrosurbanos@gmail.com
En el futuro este blog agrupará periódicamente microepisodios de la versión celular de este folletín.
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